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B. Vizcaíno

Pelopín

Se sale al monte sí o sí, sabiendo que va a hacer mal tiempo, arriesgándote a no hacer nada ese día, y en cuanto te confías, y das algo por hecho, una caricia de las circunstancias, de repente te dice que no hay nada predecible, que no somos dueños de nada, ni por supuesto de nadie, ni de nosotros mismos. Esta salida ha tenido mucho de eso.

Todavía tengo las emociones muy a flor de piel, todavía no he asumido que todo esto es verdad y no me acabo de levantar. Hoy nos hemos decidido por el Pelopín, que tenía encima una ventanita de buen tiempo, y parecía que nos cantaban las sirenas desde el bosque...Mañana fría pero no tan gris como pensábamos todos (primer aviso: *no se puede dar nada por hecho), nos preparamos, miramos un poco por dónde subir, y Nacho, que hoy ha decidido ser el protagonista de todo, se pone a abrir una huella valiosa para los diez que le seguíamos. Mucha nieve, mucha pendiente, mucha vegetación (nada menos que pinos, boj y rosales...nada de pequeños enebros-bueno, alguno había, pero los menos...)  y un camino incierto...qué tentación para un explorador, qué mérito abrir huella...

Ángel ya se queda sin las maravillosas (y útiles)  rosetas de sus bastones a la primera vuelta maría y da por hecho que que no conseguirá subir sin bastones (segundo aviso: *), que conseguirá salir del bosque...alguna reparación, vueltas laboriosas, que requerían concentración y equilibrio, almenos a mi, inexperta e insegura todavía...

Salimos del bosque sin esfuerzo (los de atrás, obviamente) y estábamos en un cuento: el viento provocaba el efecto de nevada lateral, a los árboles les colgaba el hielo, que no quiso separarse de la nieve, y se quedó allí suspendido, adronando un decorado donde la protagonista es el agua, en todos sus estados, y en todas partes.

Superado el collado unos deciden flanquear y otros subimos por la loma, más pelada pero más segura. "Por arriba no hay nieve, por quí abajo está bien" (tercer aviso: *). Sin más hacemos cima, muy tranquilos y algo extrañados por la tardanza de nuestros compañeros. Alguno se dio tanta prisa en llegar que para cuando aparecimos el resto, ya estaba tieso (pobre Álex). Y es que el viento soplaba fuerte. Llegó la otra parte del grupo y lo entendimos todo: ha habido una alud y le ha pillado a Nacho . QUÉ???? Pero, está bien? No pasó nada de nada, pero Nacho estuvo muy cerca de ser arrastrado por la nieve, muy cerca de necesitar un ARVA que nadie queremos usar, muy cerca de desaparecer bajo el peso plomizo de la nieve. Se veía el corte, perfecto y toda la nieve amontonada debajo. Nacho tiene cara de no creérselo tadavía, cara de sentir que alguien le ha regalado quedarse de cintura para arriba fuera de la nieve. Último aviso, y por fin lo hemos entendido. Como premio, un primer tramo de bajada de mucha nieve, que para las que no somos expertos esquiadores es supervivencia pura, y para los que saben, una gozada. El bosque nos deja a todos en el mismo lugar, en el  de los niños que corren, que disfrutan, que se ríen a carcajadas, que están tan ocupados de ser felices que se olvidan de todo lo demás. No dejemos la felicidad en el bosque, y si la dejamos, pues nos llevamos el bosque puesto!

Para ti, Nacho.

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1 comentario

Jorge García-Dihinx -

Blanca nunca dejes de escribir.
Con tus líneas haces que podamos ver las cosas a través de tus ojos. Y las cosas (a través de tus ojos) tienen un color más vivo y despierto de lo habitual. No se te ocurra nunca donar ninguno de tus ojos, oyes???tu mente hace que vean lo que nadie puede ver.
Gracias,
Jorge
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