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B. Vizcaíno

Tarde con Aurora

Hay escenas en la vida que, de tiernas, desmontan el andamiaje interno.

Hace unos meses a mi abuelita le dio otra embolia, y hacíamos turnos para estar con ella en el hospital. Yo llegué por la mañana a Castellón, y por la tarde me acerqué para que mi tío se fuera a comer, que debía estar ya hambriento.

La imagen de mi abuela allí en la cama me impactó: consumida, hecha un ovillito, con la mirada perdida dentro de sus ojos diminutos, vidriosos. Estaba enfadada porque habíamos tardado, y ya se pensaba que me había pasado algo. Saludé a mi tío, que leía el periódico, y marchó a comer.

Nos quedamos las dos, mi abuela estaba llorosa, preocupada por todo. "Estoy cansada" me decía "Estoy cansada de todo...". Apenas le salía un hilillo de voz entre sollozos. Me decía cosas sin demasiado sentido, sin conexión unas con otras. Se quería levantar un poco. Yo le ayudaba y la observaba en silencio. Qué fragilidad! Qué poca cosa debajo del camisón, qué piel más suave, sin vello; qué carne sin fuerzas, qué huesos más gastados y articulaciones más abultadas...No se iba tranquila al servicio, la acompañé hasta la puerta pero no hacía más que buscar con la mirada. "Entro contigo, abuelita?" "No hija, no..." "Y qué buscas, pues?" "El peine!" Toma ya! Lo último que me esperaba, el peine...Entró y esperé. Salió peinada y lavada, se dio un poco de crema y volvió a acostarse. Empecé a darle conversación, para entretenerla, que si la autovía de Teruel es una maravilla, que  tú sabes qué bien, con lo que se tardaba antes, que ojalá arreglasen la carretera de Aguaviva, que tiene una de curvas, que te acuerdas cuando Nacho estrenó su coche, pobre, con tanta nieve por aquellas curvas...Poco a poco mi abuela empezaba a moverse más, a ponerse las gafas, a incorporarse. "Y quién te ha venido a ver?" " El que no ha venido ni una sola vez es el médico, que llevo ya no sé cuántos días aquí y no ha venido, si yo no tengo nada, vine a una revisión y no me dejaron salir" Me parecía tragicómico, que le dio una embolia y decía que había ido a una revisión...pobre! Se ve que cuando la llevaron, y empezó a hablar, lo único que decía eran rezos del Rosario, será posible...es fuerte la educación de estas generaciones, que llevan la religión marcada a fuego en las neuronas, que antes de recordar quién era o saber dónde estaba, rezaba el rosario, qué épocas...

Mientras le hablaba de mi trabajo, de mis compañeros, del Pirineo,...mi abuela se fue vistiendo; luego yo le cogía la mano, le acariciaba la cara, la cogía del brazo...le cambió la cara, la expresión, la energía...salimos a pasear al pasillo, ya me contaba ella, cuando viajaba en moto con el abuelito, y en un bache ella se cayó porque iba de lado, claro, y él no se dio ni cuenta...cuando iban los 5 en moto por Madrid y un guardia le dijo que qué poco quería a sus hijos...

Y una vez recompuesta decidió que se había hartado de estar allí y que se quería ir a su casa, que no le pasaba nada. Se rompió el momento de ternura y le tocó lidiar con ella a mi madre, como siempre. Yo me llevé lo mejor de ella. Es como ver abrirse una flor, poco a poco...y de repente, pierde pétalos...uno, otro...para cuándo otra flor?

Con todo el cariño.

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