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B. Vizcaíno

Las nieves del año

Me vienen fogonazos de esta temporada de esquí 2008 -2009.

Primera esquiada en noviembre, torpona y medio lesionada, desacostumbrada (bueno, tampoco estaba demasiado acostumbrada, que había hecho cinco salidas en mi vida...)

En diciembre, un puente abarrotado de gente en el Portalet, medio colgada y con mal tiempo. Atascos en Monrepós. Nieve, mucha nieve. Nuevas caras, el hilo conductor que me guiaría hasta hoy. Casualidades.

Empiezo el 2009 en pistas, y echo de menos la montaña, me sobran los telesillas y la gente, y las colas, y las cafeterías...pero luego llegan los fines de semana que marcarán la temporada, y mucho más. Una nueva incorporación, como en las autovías, nada de caminos cruzados, dos carriles, mismo sentido. Chérue, Castillo de Acher...enero mágico lleno de nuevas luces y sombras, invierno inquieto de paisajes imposibles. Nieve, mucha nieve...

Febrero me pilla con los esquís puestos en la Altitoy, con mis nostalgias llenas de habitantes, y más atascos en Monrepós. Vivo un cuento en el Pelopín, cuento de niños sin princesas. Pido deseos que se cumplen, instantes de absoluto misticismo en las sombras del Valle de Izas volviendo de O Porrón, descubrimos el Piniecho, las caídas tontas, y las despedidas agrias.

Marzo de puente, Piau entre amigos e impaciencia por la Alta Ruta, que llega, supera toda expectativa, estrecha lazos y nos acerca. Fin de semana mágico por el cielo pirenaico, yo no toco el suelo hasta el lunes...El Bixaurín nos hace disfrutar de excelente compañía en el mejor escenario invernal, ya en primavera. Uno de los mejores recuerdos.

Y llega abril, el mes del Espelunciecha y el Arroyeras, de inventar planes para Alpes, de soñar y despertar en la Brecha de Rolando, seguir hasta el Taillón y notar cómo el día alarga, y como se nos pone feo intentando subir el Alba. El mes de sentir una envidia verde-verde por esas salidas entre semana, mientras me quedo en blanco y negro en la oficina...

Mayo del esfuerzo de la MIM, y la recompensa de la llegada en compañía. Luego a disfrutar como niños en unos Gabietos sin cima, pero con sensación de truinfo absoluto. Al día siguiente agotamiento en el Posets, hasta quitarme los esquís. Cresta fotogénica y cima que queda en la memoria más íntima. Momento especial. En un Sabocos gris y ventoso, yo flojeo como nunca y una manzana me devuelve las energías. Nuevas caras amigas. Termina el mes en Núria, cumpleaños arropada, envuelta en una cálida compañía. Menos nieve y cuenta atrás.

Ya junio de la despedida, junio de la última oportunidad. Llega el mítico Aneto en un día que desbordó todas las imaginaciones de días anteriores, que multiplicó la ilusión de la nueva temporada, que nos dejó un sabor tan dulce, tan cálido, que de pensarlo sonrío, os veo sonriendo a vosotros.

 

Sigamos cultivando nuestras texturas montañeras, ahora en roca, la nieve mañana. Sabemos esperar.

Un abrazo enorme, compañeros, amigos.

1 comentario

Di -

Que pena más grande que se va una vida para permitir otra. Cuánto frío pasado para terminar renegando del calor que nos espera. Y espera, que entre-medio alguna tormenta nos dejará tirante la emoción. Y vuelta a empezar, aunque nunca sea igual.